Monday, June 05, 2006

El PAN contra José Luis Cuevas

El PAN contra Cuevas
José Luis Cuevas

Tengo que repetir en esta, mi columna, los sucesos recientes que ya
han sido comentados por los medios nacionales e internacionales.

Sin habérmelo propuesto, el intento de destruir una escultura que hace
cinco años doné al estado de Colima, se convirtió en un hecho político
que puso en evidencia la intolerancia del PAN, que como nuevos
cristeros se levantaron en armas en defensa de la moral del pueblo.

El presidente municipal, hombre de pocas luces, fue quien provocó el
escándalo, y más que mi escultura, el daño mayor lo sufrió su partido,
que a estas alturas ha perdido mucho de su supuesta popularidad,
poniendo en riesgo, incluso, el triunfo de su candidato en las ya muy
próximas elecciones, en las que se decidirá quién será el próximo
presidente de México. La mochería de sacristán no les ha dado a los
panistas la aceptación que tanto han buscado.

Sin pensarlo mucho, tomé un avión en compañía de mi esposa y de Isaac
Masri para dar la cara y defender la integridad de mi obra artística,
que ya había recibido daños, que, según un experto, son irreversibles.

Beatriz del Carmen, a mi lado siempre, como valiente soldadera de
estos tiempos, fue testigo del caluroso recibimiento que nos brindó
una multitud de colimenses que estaban en contra de "su" presidente, a
quien calificaban de inepto y tonto. Los caricaturistas de los
periódicos locales también se ensañaron con este panista que no midió
las consecuencias de su absurda decisión.

El arte, enfrentado a la estulticia salió ganando. Mi escultura, a
pesar de los estropicios, se convirtió de inmediato en un símbolo de
la libertad de expresión. Fueron pocos los defensores que tuvo el
panista que se hicieron presentes llevando unas mantas en las que se
me atacaba y hacían eco de la inconformidad del político. Se temía que
hubiera un enfrentamiento, pero no lo hubo, porque los enviados por
Leoncio Morán, al ver que eran una minoría, prefirieron dispersarse.
Alcancé a ver a algunos que corrían.

El ayuntamiento de Colima se conformó con instalar mesas receptoras de
firmas en apoyo a la supresión de la glorieta donde se encuentra mi
escultura. Unas señoritas atendían las mesas que ostentaban una manta
que decía: "Apoya con tu firma la eliminación de la glorieta de la
Figura obscena".

En la mesa instalada frente al hotel donde nos hospedábamos, alcancé a
ver a un borrachito que estampó su firma. Al advertir mi presencia me
preguntó: "Oye, ¿qué es eso de obscena?", le expliqué el significado
de la palabra y entonces me dijo algo que me resultó gracioso: "Pues
que la quiten y la pongan en un burdel". Antes de retirarme le dije:
"Me parece una buena idea, pero dígame usted, si es que lo sabe, ¿cuál
es el que frecuenta Leoncio Morán?".

Unos días antes de nuestro viaje punitivo a Colima, Beatriz del Carmen
y yo habíamos regresado de Monterrey, donde recibí un homenaje por
parte del gobernador del estado. Se me entregó una presea y se
inauguró una exposición de mis obras en el Museo Metropolitano. Fueron
días muy agitados y rompí un récord de entrevistas: cinco por hora.
Habíamos regresado a México muy cansados, con la intención de reposar
dos días completos. No nos fue posible, porque por La Jornada me
enteré de lo que estaba pasando en Colima y consideré necesario
desplazarme de inmediato a esa ciudad, para defender mi escultura. Lo
demás ya es historia...

*Artista plástico

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